EL OJO DE LA CÁMARA

Lo Invisible y Lo Esencial

Llevo más de 15 años como fotoperiodista y me atrevo a decir que entre 2012 y 2019 no hubo descanso en este oficio. Teníamos licencia para estar un poco enfermos y desquiciados, correr por un encargo fotográfico en búsqueda de una imagen única. Un delirio placentero a través del lente.

Cuando eres testigo de la devoción y efervescencia provocada por un artista, reflejadas en el rostro de un fan coreando a todo pulmón una melodía convertida en himno para una generación, es imposible abstraerse. Para la mia, criada en los 80, la sola idea de ver alguna vez tocando en vivo en Chile a tu banda favorita, fue una quimera compartida en conversaciones de cuneta. Durante mucho tiempo no había más opción que viajar al extranjero para asistir y experimentar un verdadero festival de rock.

Creímos por largos años que la industria musical chilena era la más robusta del cono sur y el mercado de prueba de Latinoamérica. Premios y reconocimientos afianzaban ese crecimiento de la mano de productoras, hoy acalladas intentando sobrevivir.

Cumplimos un año sin entregas a medios, sin esa escena que movía a un grupo de especialistas. No somos más de una decena de trabajadores quienes logramos vivir de la fotografía musical, pero hoy somos invisibles. Por lo mismo, es necesario reconocer la trayectoria de un puñado de profesionales que hacían vibrar a la audiencia en el post show con sus imágenes capturadas en la intensidad del escenario.

Dato: el verano local representa al menos el 30% de los ingresos anuales de cualquier profesional audiovisual ligado a la música. Nada de eso existe hoy.

Cuando se reactive la industria musical en vivo, te pido que contrates a los que saben. Escoge la trayectoria y el rigor profesional que otorga el oficio ejercido por años.

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